En medio de la devastación de los incendios en la Selva Guatemalteca, una razón para optimismo: No hay incendios en los bosques manejados por comunidades forestales

Guatemala ofrece al mundo un innovador modelo económico y ambiental. En la Reserva de la Biósfera Maya, los habitantes con derechos a sus territorios mantienen los incendios fuera de las áreas donde se les permiten gestionar el bosque, mientras que algunos parques nacionales y otras áreas son devastadas por el fuego

CIUDAD DE GUATEMALA, GUATEMALA-- [15 de junio de 2017] Un nuevo estudio sobre los incendios forestales que azotaron el mayor bosque tropical de Centroamérica, encuentra que las comunidades locales son exitosas en  prevenir y detener los incendios tropicales. Situación que contrasta con lo que se vive en algunas zonas del modelo de áreas protegidas, en donde no hay manejo de los recursos naturales y culturales por parte de comunidades, y está a cargo de las autoridades del Gobierno Guatemalteco. 

Este nuevo estudio se suma a una creciente evidencia que prueba que si las comunidades locales tienen derechos sobre el territorio es la mejor manera de proteger las críticas selvas tropicales en el mundo.

"Las concesiones forestales comunitarias de Petén en Guatemala están planeando y cooperando amplia y eficazmente en la prevención y vigilancia de incendios forestales,” dijo el autor principal del estudio, Andrew Davis, economista especialista en ambiente y desarrollo de la Fundación PRISMA, una organización sin fines de lucro con sede en El Salvador. “De hecho, han demostrado, luego de años de trabajo conjunto, de luchar contra los fuegos y otras amenazas, que son los guardianes más eficaces de los bosques; más eficaces que el gobierno y ciertamente más motivados para preservarla."

El estudio examinó nueve concesiones forestales comunitarias ubicadas en la Reserva de la Biosfera Maya de Guatemala (RBM) la cual cuenta con más de 2.1 millones de hectáreas, y cubre la quinta parte más septentrional del país.

Utilizando datos de satélite recopilados por la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio de Estados Unidos (NASA), el estudio de PRISMA, que realiza investigaciones en Centro América, México y Colombia, encontró que menos del 1% de todos los incendios que ocurrieron en la reserva durante el 2017, tuvo lugar en las concesiones forestales comunitarias. Esta reserva cubre gran parte de la región del Petén.

El análisis realizado sobre el impacto de los incendios de este año hasta la fecha, nos muestra que el 53% ha afectado áreas boscosas de algunos parques designados bajo la protección del gobierno nacional, y donde poco se ha hecho para combatir los incendios.

"He viajado por las concesiones y me ha sorprendido el compromiso de las comunidades de conservar sus bosques", dijo Stefano Gatto, Embajador de la Unión Europea en Guatemala. “Guatemala merece felicidades por haber creado un modelo de desarrollo sostenible que otras naciones forestales deberían valorar, al dar a estas comunidades la razón y la motivación para luchar contra la destrucción de uno de los únicos recursos existentes y asequibles para prevenir el cambio climático".

Hogar de 180.000 personas, más de 20.000 de los cuales viven en las concesiones forestales comunitarias, la RBM es el corazón de la antigua civilización maya. Está adornada con las ruinas de antiguos templos mayas. Muchos nunca han sido excavados, pero están amenazados por los incendios. También es un hábitat para una variedad de vida silvestre de importancia mundial, incluyendo el Jaguar (
Pantera onca), Puma (Felis Concolor), Tapir (Tapirus bairdii) y Guacamaya Roja (Ara macao). Limitada por Belice y México, se encuentra dentro de la mayor área de bosque tropical  de Mesoamérica.

PRISMA lideró el estudio en colaboración con la Asociación de Concesiones Forestales Comunitarias de Petén (ACOFOP) y en cooperación con el Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP) de Guatemala, que administra la Biósfera. Es el primer estudio que compara las tasas de incidencia de incendios en áreas concesionarias y no concesionarias.

El estudio demuestra que:

  El éxito de la prevención y control de incendios en 2017 fue debido a la ejecución de su Plan de Control y Prevención de Incendios, que contaba con un presupuesto de USD 412,000 para permitir más de 1,000 misiones de patrullaje, 200 sitio de acampamiento para control y vigilancia, y el mantenimiento de 453 kilómetros de brechas corta fuego a lo largo del territorio de las concesiones forestales.

  Las concesiones comunitarias brindan protección más allá de sus límites, extendiendo al oeste en el Corredor Biológico Mirador-Laguna del Tigre, y formando un muro de contención para los Parques Nacionales al norte de la RBM, donde se contiene áreas clave para la conservación de la Antigua Civilización Maya, como el Parque Mirador.

  Los datos de poca incidencia de incendios en las concesiones comunitarias en 2017 son congruentes con el manejo general de los bosques comunitarios en donde se ha registrado un deforestación mucho menor que en la zona núcleo. La deforestación en las concesiones comunitarias entre 1994 y 2015 fue de 2.97 %, mientras que alcanzó 21.87% en la Zona Núcleo y 40.73% en la Zona de Amortiguamiento.[1]

"Existe una cultura de conservación que produce resultados económicos y sociales,  concretos y amplios que sustentan la sostenibilidad de las concesiones,” afirma Marcedonio Cortave, Director Ejecutivo de ACOFOP. “Las concesiones forestales comunitarias no formaban parte del plan de conservación original del gobierno de Guatemala para la Biósfera cuando se estableció en 1990. En ese momento, el gobierno, alarmado por la rápida deforestación en el área altamente sensible, prohibió las actividades básicas de sustento entre la gente viviendo en el bosque, tocando un intenso período de conflicto, caos y más deforestación dentro de la reserva. Las concesiones representaron una solución.”

El gobierno de Guatemala permitió otorgar concesiones forestales renovables de 25 años a entidades comunitarias y privadas en un 40% de la reserva, una alternativa de gestión a la estricta protección conservacionista. El gobierno requirió que los concesionarios cumplan con los estándares de conservación del Consejo de Manejo Forestal de Guatemala (FSC).

Numerosos estudios realizados en el último decenio han concluido que las concesiones han tenido un gran éxito: una poderosa fuente de desarrollo económico y conservación de los recursos naturales y un modelo para combinar el desarrollo social y económico con la sostenibilidad a largo plazo de los bosques y las comunidades.

“Los mapas que incluimos en el nuevo estudio de las áreas devastadas por los incendios son particularmente llamativos,” dijo Davis, el investigador de PRISMA. “Presentan en rojo un gran patrón de puntos de calor, basado en la detección por satélite de puntos calientes anómalos, repartidos a lo largo de los parques nacionales. No obstante, las áreas de concesión forestal comunitaria son verdes y no han sido afectadas por los incendios.”

Preocupados por el impacto de los incendios en los parques nacionales adyacentes a las zonas que controlan, dada su ubicación, los miembros de las comunidades han logrado “construir brechas corta fuego”, estableciendo un escudo geográfico que protege a los vestigios arqueológicos de gran valor en la sección norte de la reserva, incluido el Parque Nacional Mirador, donde se encuentra la gran pirámide de La Danta, más grande que la pirámide egipcia de Giza.

Los resultados del estudio subrayan la urgencia de renovar los contratos de concesión comunitaria establecidos hace más de 17 años, a raíz de guerra civil en Guatemala, para dar tierra a los desplazados y proteger la selva tropical de la nación.

Si bien el gobierno Guatemalteco ha mostrado ser un ineficaz guardián de la extensa selva tropical bajo su control, las áreas de concesión comunitaria donde se permite la supervisión estricta de la silvicultura han establecido planes efectivos para prevenir y combatir los incendios forestales cada vez más amenazando las vastas reservas biológicas, culturales y sociales de la región. Los contratos de la comunidad empiezan a expirar en cinco años.

El estudio demuestra  que la decisión del gobierno de entrar en estos acuerdos con las comunidades locales, les ha dado motivos para proteger a los bosques dentro de las concesiones, superando a los esfuerzos del gobierno en la lucha contra los incendios forestales. 

Los resultados también apoyan una serie de estudios recientes que muestran que la forma más eficaz de proteger los bosques en las naciones en desarrollo es dar el control a las comunidades que viven en ellos y de ellos.

"Creemos que los bosques son nuestros, pero también son el patrimonio del pueblo guatemalteco", dijo el líder comunitario Jorge Soza. "Aunque somos capaces de ganarnos la vida con lo que producen  los bosques, nuestro propósito primordial es cuidarlos y asegurarles que nada les dañe y por eso estamos dispuestos a protegerlos hasta donde sea necesario”.

Esa actitud es emblemática de los esfuerzos de la comunidad durante las últimas dos décadas para prevenir la deforestación de los bosques. La idea es simple: los miembros de la comunidad, dependientes para su sustento del manejo integral y sostenible de los recursos naturales, -maderables y no maderables-, tienen un incentivo para protegerlos mucho más fuertes que los gobiernos. Especialmente en los países en desarrollo.

En Guatemala, como en otras partes, esto ha sido cierto. "Las comunidades han llegado a ver que su bienestar económico y social está alineado con el de los bosques que manejan ", escribió Davis en el estudio. 

Pero tal vez nunca antes el contraste entre los resultados obtenidos por el gobierno y las comunidades forestales, en cuanto a la protección del bosque, ha sido tan evidente. Y los logros van mucho más allá de la protección contra incendios forestales: sin la pronta renovación de las concesiones forestales, se espera que problemas como el tráfico de drogas, la agricultura industrial, la ganadería extensiva y la extracción de petróleo, tales como se ha visto en Laguna del Tigre, se hagan cada vez más y más graves en importantes zonas de la reserva.

“Los resultados de nuestra investigación demuestran que las concesiones han sido fundamentales para la protección de los bosques de la biosfera Maya,” dijo Davis, el investigador de PRISMA.

“Los  contratos renovables de las concesiones comunitarias dentro de 5 años comienzan a vencer su periodo de 25 años dentro de 5 años. Hay crecientes amenazas como palma africana, petróleo y mega-proyectos de turismo sobre esta área, y la falta de prórroga de estas concesiones perjudica cada vez más la continuidad de este modelo que representa una solución internacional a la destrucción de los bosques tropicales, y el último baluarte de la conservación de los ecosistemas y patrimonio natural de Guatemala contenido en la Biósfera.”



[1]  Davis and Kandel (2016).