Cosechando desarrollo rural sostenible en El Salvador

Reyna Rodríguez es una pequeña productora del Departamento de Morazán, El Salvador. Desde inicios del 2016 recibe acompañamiento técnico como parte de un proyecto de la Fundación Adel Morazán e ICCO Cooperación, que busca aumentar la competitividad de las cooperativas y agricultores de la zona.

Morazán, El Salvador--- Hace una década que Reyna Rodríguez cultiva café y produce miel en Perkín, municipio del Departamento de Morazán. Pero antes de ser productora, recorrió un largo camino.
De niña, en plena guerra civil, fue desplazada de su comunidad hacia un campo de refugiados en Honduras. Ya había cumplido los 16 cuando se unió al movimiento guerrillero, en el que combatió durante 5 años. En las filas de la guerrilla conoció a su compañero de vida, con quien hoy, a sus 46 años, cultiva la tierra y forma a sus dos hijos.

Reyna es Vice Presidenta de El Gigante, una de las 27 cooperativas con las que trabajan la Fundación Adel Morazán e ICCO Cooperación. El objetivo es promover el desarrollo rural sostenible en Morazán, fortaleciendo la competitividad de sus pequeñas y pequeños productores.  

Como parte de esta iniciativa, Reyna y decenas de productores de la zona reciben acompañamiento y capacitaciones sobre estrategias de comercialización; también recursos para incrementar su productividad y acceder a nuevos mercados.

“Uno siempre necesita ayuda de alguien porque estando solo a veces es difícil,  y además, cuando uno ya siente que alguien lo está apoyando, hasta más ganas le dan de trabajar y seguir sembrando más cosas. Hay espacios para ir a aprender cosas, y la oportunidad de ir a tecnificarse y aprender mucho más”
, expresa. 

Al finalizar la guerra, Reyna trabajó como guía en un museo de historia, y luego como dependienta en una tienda. En el 2004 participó en un proyecto estatal que le permitió aprender sobre apicultura y acceder a un financiamiento para comprar cinco colmenas.

“Metían a mujeres porque decían que los hombres no tenían la capacidad de meterse porque les daba miedo que les picaran las abejas. A pues nos metimos y así fue cómo íbamos a trabajar a ver las colmenas, íbamos un par de mujeres. Eran cinco colmenas en el 2004  y fuimos creciendo hasta que ahora ya tenemos como 150”.

Para ese entonces, el esposo de Reyna tenía puestas sus aspiraciones en la agricultura y esperaba poder sacar el mayor provecho de su tierra.

“Nos metimos como familia a sembrar café porque dijimos ´vaya pues, este es un rubro que nos va a dar mucho más allá’. Ahora tenemos 10 manzanas pero  las que trabajamos son como seis o siete. Estamos con café, colmenas y los árboles frutales. Este año lo que tenemos en los sueños es ver si logramos una bolsa para nuestro café, que sea un diseño para nosotros salir a vender el café que estamos cosechando
”.

Se siente satisfecha y optimista. Gracias a la agricultura, ha generado estabilidad familiar y oportunidades para sus hijos.

“Ya sentimos nosotros que hemos logrado algo porque nuestra hija ya la sacamos de la Universidad, este año se gradúa, va a ser una Licenciada en Trabajo Social. Nuestro otro hijo está estudiando, está en octavo grado.
Esto nos ha ayudado bastante porque nos ha costado sacarlos, por eso no hemos parado de trabajar porque si paramos ¿qué les vamos a dejar?”.
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Reyna es una de las personas beneficiarias del proyecto Consolidación de encadenamientos productivos de los subsectores económicos con mayor potencial de desarrollo del departamento de Morazán, desarrollado con el apoyo financiero de la Unión Europea.