Camarones al por mayor

Camarones, agua salada, dieciséis mujeres y décadas de trabajo. Visitamos el fruto de la mezcla de estos ingredientes: la camaronera de las mujeres de la Cooperativa Lucrecia Lindo. Un negocio a gran escala, apoyado por ICCO & Kerk in Actie.

Por: Okke Bouwman

La pequeña comunidad de Puerto Morazán se encuentra en el departamento de Chinandega. Es una zona rural, poco desarrollado en términos económicos, con altos índices de desempleo, migración y estadísticas alarmantes en cuanto a  tráfico de personas al vecino país, Honduras. Puerto Morazán no se encuentra ubicado en la costa, sino en las orillas del Estero Real, un brazo angosto del Golfo de Fonseca que penetra la tierra y lleva agua salada hasta el corazón del departamento de Chinandega. Estas condiciones geográficas han facilitado el desarrollo de la pesca y en particular de la producción y venta de camarón. En Puerto Morazán, la labor de “descabezar” camarones es un trabajo común y poco remunerado.

Dentro de este contexto nació la cooperativa Lucrecia Lindo, llamada así por una mártir de la lucha popular en tiempos de la revolución. Única en el sentido de que está exclusivamente integrada por mujeres, la cooperativa logró establecerse en los años 80. Poco a poco conquistó terreno y reconocimiento dentro del negocio de las camaroneras, que tradicionalmente ha sido dominado por hombres.

¿Qué características tiene una camaronera? Imágenes de una piscina artificial de forma circular y de un diámetro limitado se presentan. Pero no, en la realidad se trata de un terreno de alrededor de 79 hectáreas, donde se construyeron paredes de tierra para formar estanques de agua salada. Por medio de puertas se regula la entrada y salida de agua en los diferentes estanques (actualmente son tres). El Estero Real se ocupa de proveer agua salada, la corriente llega hasta los estanques cuando la marea esta alta. La puerta principal, una bomba y un canal auxiliar de agua son los demás artificios que completan el equipo de esta camaronera.

Nos reciben las mujeres socias de la cooperativa. Actualmente son 16, encabezadas por Doña Gloria Maria, la presidenta, Doña Victoria, la secretaria y encargada de comercialización y Doña Buenaventura, la tesorera. Son mujeres cuyos rostros reflejan la experiencia de vida que llevan adentro. Casi sin excepción son madres de familia con cinco o seis hijos.  Varias de ellas fueron fundadoras de la cooperativa y han luchado desde los años ochenta para sobrevivir hasta el día de hoy.  Actualmente son miembros de la Plataforma de mujeres productoras de Occidente “Consejo de Mujeres de Occidente” contraparte de ICCO & Kerk in Actie en la llamada Zona Seca de Nicaragua.


Las mujeres, sentadas en un círculo bajo la luz suave del atardecer, con vista a la camaronera, nos cuentan sobre la historia y el negocio actual de la cooperativa. No ha sido fácil. En el 1998, El huracán Mitch destruyó el estanque de la camaronera y se llevó todo el trabajo acumulado de más de una década. Varias de las integrantes (eran más de treinta en aquella época) de la cooperativa se desanimaron luego de esta desdichada catástrofe. “Solo nosotras nos quedamos”.

Después del huracán Mitch, las mujeres que se quedaron con la cooperativa tuvieron que luchar para sobrevivir.

”En ese tiempo fue más duro. Nos levantábamos a las 5 de la mañana para atender a la familia, a las 6 ya estábamos en la camaronera, a las 11 regresábamos nuevamente a la casa, y así todo el día, todos los días. Libramos el terreno con machetes, muchas veces nos tocaba dormir aquí en camas improvisadas de paja. Ya las cambiamos por camas más formales.”

Las mujeres lograron conseguir un préstamo de un empresario extranjero para reconstruir toda la infraestructura e invertir en larvas para la siembra de camarones. La inversión fue alta en dinero, tiempo y esfuerzo, pero gracias a la buena organización, espíritu emprendedor  y administración de las mujeres lograron salir adelante.

“Logramos construir tres estanques en vez de uno solo, contratamos personal de apoyo como guardias de seguridad  y una bióloga que monitorea las condiciones del agua. Sembramos camarones dos veces al año. Los camarones necesitan un tiempo de incubación de un promedio de 105 días. Llegada la hora de la cosecha, alquilamos camiones llenos de hielo para venir a recoger los camarones. Antes el camino estaba malo y tardaban bastante para llegar a la fábrica, por lo cual perdía valor el producto. Ahora que la carretera esta buena, el transporte es más fácil y no perdemos dinero ahí.

El compañerismo, la alegría, la experiencia y la seriedad a la hora de hablar de negocios son características que sobresalen al conversar con estas mujeres. Sin mayor educación, sin uso de computadoras ni cuentas bancarias supieron levantar el negocio, contra todas las probabilidades y corriendo riesgos enormes. 

Caminando de regreso, después de habernos mostrado el motor de la lancha que donó ICCO & Kerk in Actie, una de las mujeres nos confía;  "a veces me da nostalgia pensar en esa cama de paja, era suave y ya me había acostumbrado a dormir en ella."




Mientras el sol busca su camino ya detrás del horizonte, emprendemos el viaje de regreso por esta zona preciosa de Nicaragua, analizando opciones para  seguir apoyando al trabajo de las mujeres de Lucrecia Lindo.

ICCO & Kerk in Actie cree en la capacidad de las personas de construir su vida y de ser exitosas en lo que se propongan. Apoyamos iniciativas como la Cooperativa Lucrecia Lindo  porque a veces lo único que falta es un poco de apoyo.