Material de descarte / Las heroínas de la calle

Artículo escrito por Jaime Ordoñez, miembro del Consejo Regional de ICCO en Centro América, sobre el proyecto Cambio de Vida ejecutado por la Asociacion TESIS de Nicaragua (Asociación de Trabajadores para la Educación, Salud e Integración Social).

MANAGUA.- Silvia tiene 47 años pero parece diez años mayor. Nació en Estelí y vive en Managua hace tiempo. Desde los 15 años es prostituta y con su oficio crió cuatro hijos y le dio de comer a un esposo proxeneta y abusador, un chulo de siete suelas que le pegó durante décadas si no llegaba con suficiente dinero en la madrugada. Y también le dio de comer a los dueños de varios bares —negociantes cuchilleros— de esta zona pobre de Managua, febril e intensamente humana. Son los alrededores del histórico Mercado Oriental.

Algunos bares se llaman “La Gata” y el “York”. Visito el primero en la tarde del sábado tras las pistas de lo que nos cuenta Silvia. Es un hervidero humano, una verdadera olla de carne. El tufo a cerveza y a sudor humano llenan el lugar, esa mezcla de olores tan parecida al almizcle y que se remonta a la misma noche de los tiempos. Ya pagaron algunos aguinaldos en Nicaragua y la mayoría de los hombres están ebrios a las cinco de la tarde. Buscan mujer. Tienen los ojos vidriosos por el licor, la lascivia, por el cansancio. Y ellas, las más jóvenes, se preparan. Aquí en “La Gata” ganan unos 125 córdobas por el revolcón, unos 7 dólares. Pero en el “Callejón de la Muerte”, las más pobres, las más desvencijadas, venden su cuerpo por 50 o 70 córdobas, 2 o 3 dólares. Estoy Managua, pero podría ser igualmente San José, Costa Rica, Tegucigalpa, o cualquier ciudad del planeta. Lo único que varía son los precios.

-Después de los 35 o 40 años todas nos convertimos “material de descarte”. Unas ancianas. Los clientes no nos buscaban porque venían atrás las niñas de 15 o 20 años —Nos dice Silvia y tiene unas ojeras maduras, profundas, cinceladas por la noche y el agravio—. A su lado, están sus compañeras, Margot, Elena, Francisca y Enem, una mulata poderosa y grande de la zona atlántica, probablemente del sur, de la zona de Bluefields. Sus caras están ajadas y curtidas por la vida, pero curiosamente en sus ojos hay brillo y orgullo. Y alegría.

-Mis compañeras y yo hemos creado el Grupo Girasol y buscamos a las más jóvenes para sacarlas de esto —dice nuevamente Silvia—. Nos apoyó la Asociación Tesis y la Fundación ICCO de Holanda. Es un programa que cubre 5.000 jóvenes de Managua y sus alrededores. “Trabajadoras del sexo”, nos aclaran. Y yo creo que en el eufemismo hay un reclamo de dignidad que me parece lógico y con el cual simpatizo de inmediato. —Hemos logrado que muchas aprendan sastrería, o cocina, o que se entrenen para montar un salón de belleza— Nos explica Margot.

Por la tarde, con los miembros de la Fundación IICO de Holanda —quienes me invitaron a conocer este maravilloso proyecto— visito el salón comunal donde se reúnen con las más jóvenes. Tienen entre 18 y 25 años, y han empezado a entrenarse para sus nuevos oficios. El grave problema —nos dice Danilo Medrano, quien co-dirige el Proyecto— es que cuesta convencerlas dejar el dinero fácil de la primera década, cuando tienen entre 15 y 25 años. A veces ganan hasta 50 dólares al día. Y montar un pequeño negocio es duro. Sin embargo, hay una fuerza interna que las lleva a cambiar. Quieren que sus hijos las respeten cuando crezcan (“todas somos jóvenes, pero mujeres paridas” nos dijo una). Y aparte está el peligro de la violencia de las calles, del SIDA, de un asesinato.

Pero hay una razón adicional y nos lo dijo Silvia la primera tarde. “Todas nosotras queremos vivir sin violencia, y buscamos dignidad y un poco de amor”. Las palabras me quedaron resonando en la memoria. Horas después, en el aeropuerto de Las Mercedes, cuando tomo el avión para volver a San José, pienso que eso es exactamente lo mismo que buscamos todos los seres humanos del planeta.

Publicado en Diario Extra: http://diarioextra.com/Dnew/noticiaDetalle/219293