Socias de ICCO trabajan por alcanzar su sueño

La aldea San Lorenzo del Tejar, ubicada en el municipio de Pastores, en Sacatepequez, Guatemala, contrasta con la prosperidad que derrocha Ciudad Antigua, a pesar de estar localizada a sólo 15 minutos en vehículo.

San Lorenzo es el hogar de Matilde García, una artesana y empresaria que aceptó el reto de cambiar su vida al colaborar con Kiej de los Bosques, una empresa social que diseña y vende accesorios de moda hechos a mano bajo la marca Wakami.

María Pacheco, fundadora y presidenta de Kiej de los Bosques y de la organización Comunidades de la Tierra, me conduce hasta la casa de Matilde, donde un grupo de mujeres artesanas nos reciben con una sonrisa. Matilde se ha convertido en un ejemplo a seguir para las 50 mujeres que trabajan en su taller y que elaboran pedidos promedios de 20,000 pulseras mensuales.

Matilde asegura que sus inicios no fueron fáciles. “El no contar con un ingreso fijo me impedía lograr mis sueños y tomar mis propias decisiones”, dice. Además de criarse sin sus padres, recuerda haber sufrido desde niña: por ser mujer, no pudo concluir sus estudios ni participar en espacios de empoderamiento.

En un contexto de hogares pobres, tanto Kiej como Comunidades de la Tierra se enfocan en el empoderamiento de las mujeres, brindándoles oportunidades de trabajo y capacitación para transformar su realidad.

Desde un comienzo Matilde deseó tener su propio taller. “En ese momento mi sueño más grande era educar a mis hijos y tener un espacio para trabajar en casa”, recuerda. Pero pasó de trabajar en el patio bajo el sol a tener un espacio cómodo para trabajar, con la ayuda de un préstamo.

Matilde se siente realizada con el trabajo que desarrolla con Kiej desde el 2006. “En lo personal me ha cambiado mucho. Antes tenía una casa pequeña y dormíamos todos en un mismo cuarto”. Ahora terminó de construir su casa y sueña con convertirse en una buena diseñadora de productos, vender más y pintar en sus ratos libres.

Las socias de Keij reciben capacitaciones en temas de liderazgo y administración. Matilde asegura que con estas herramientas ha podido mejorar mucho su nivel de vida. “Las capacitaciones recibidas me han ayudado a hacerlo todo de manera más técnica, ahora puedo usar una computadora y llevar mis cuentas en orden”, dice.

La solidaridad y la empatía son muy importantes para esta artesana y empresaria. “Cuando una recibe una oportunidad como esta y mejora su vida, entonces empiezas a anhelar que otras mujeres de tu comunidad también mejoren”, afirma.

Matilde dice que muchas de las mujeres de su taller han vivido los mismos problemas: desempleo, baja escolaridad y pobreza. A esto se suma el maltrato que algunas reciben en el hogar y el machismo que impera en la sociedad. “Una está sujeta a aguantar, pero yo quise cambiar mi patrón de vida y darle a mis hijos un lugar estable, eso es lo que trato de enseñarles a las demás”, señala.

La mayor satisfacción para este grupo de mujeres en San Lorenzo es haber tenido el apoyo de Kiej para alcanzar sus proyectos personales. Ahora sus esposos están colaborando con ellas en la elaboración de pulseras Wakami para sacar a tiempo los pedidos, puesto que ven en la marca una fuente sostenida de ingresos.